Las enzimas son agentes de cambio, catalizadores de reacciones bioquímicas. En el cuerpo humano, las enzimas están involucradas en la digestión (descomposición) de los alimentos en moléculas lo suficientemente pequeñas para que el cuerpo las absorba.  Sin las enzimas, el cuerpo humano no sería capaz de absorber la cantidad adecuada de nutrientes. Por lo tanto, si su cuerpo dejara de producir enzimas, tu morirías de desnutrición incluso si estuvieras comiendo cada hora que estuviera despierto.

Las bacterias benéficiosas de nuestros suelos también producen enzimas para descomponer los nutrientes.  Las bacterias pueden producir enzimas específicas para cada tipo de material que tiene que ser transformado. Algunos ejemplos son: para la transformación de la grasa, producen enzimas de lipasa, para el almidón, producen amilasa, para la proteína, producen proteasa, etc. Una de las grandes diferencias es que para los humanos, todo este proceso ocurre internamente, mientras que en el caso de las bacterias, la descomposición enzimática de los nutrientes ocurre fuera de las paredes celulares de esa bacteria. Los nutrientes presentes en el suelo se transforman por medio de la microvida (=bacterias) en moléculas disponibles que pueden ser asimiladas por las plantas.

¿CÓMO FUNCIONAN LAS ENZIMAS?

Las enzimas vienen en todo tipo de formas tridimensionales únicas y complejas. Las formas también incluyen un llamado “sitio activo”, que es básicamente el área de una enzima donde las reacciones bioquímicas tienen lugar.

La forma de una enzima y su sitio activo definen la función que tiene la enzima, ya que cada enzima sólo puede descomponer una molécula muy particular (también llamada “sustrato”).

Emil Fischer trató de aclarar este proceso en 1894 con una analogía, la llamada teoría “Lock and Key”.

En esta analogía la cerradura es la enzima, la llave es el sustrato, y el ojo de la cerradura es el sitio activo. La cerradura (la enzima) solo puede abrirse con la llave correcta (sustrato) en el ojo de la cerradura (el sitio activo de la enzima).

Cuando una enzima y su sitio activo encajan en un sustrato, éste se descompone en trozos más pequeños.

TODO ESO SUENA INTERESANTE EN TEORÍA… ¿QUIERES ALGÚN EJEMPLO?

¡Claro que sí! Echemos un vistazo a una de las enzimas con las que en Aptus elegimos trabajar: Celulasa.

El sufijo -asa se usa en bioquímica para formar nombres de enzimas. La forma más común de nombrar las enzimas es añadir este sufijo al final del sustrato, como en este caso. La enzima que descompone la celulosa se llama celulasa.

También debes saber que en las raíces de tu planta crecen pelos microscópicos, convenientemente llamados “pelos de la raíz”. Los pelos de la raíz son las partes de las raíces de la planta que son responsables de la absorción de nutrientes y agua.

Los pelos de la raíz se desprenden de una manera similar a la de nuestras células de la piel. Cuando nuestra piel se desprende, las células simplemente se caen. Sin embargo, como las raíces de nuestra planta están enterradas en el suelo, las células muertas no pueden ir a ninguna parte y comenzarán a acumularse alrededor de las raíces (potencialmente incluso causando la putrefacción de las raíces).

El principal componente de la pared de las células ciliadas de la raíz es la celulosa. La acumulación de celulosa alrededor de las raíces de la planta inhibe la absorción de nutrientes y el desarrollo microbiano (beneficioso). La enzima celulasa descompone la celulosa y mantiene las raíces limpias y funcionando de forma óptima.

Este es sólo un ejemplo de una enzima común, sin embargo, hay decenas de miles de tipos diferentes de enzimas. Sólo hemos arañado la superficie aquí, pero creemos que esto es suficiente para darte una idea de lo que son las enzimas, y por qué son importantes.

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